lunes, 1 de noviembre de 2010

Calaverita para Chopin


El día de mañana se celebra aquí en México el día de muertos, mucho se sabe de la manera que tenemos los mexicanos alegre y jocosa de celebrar a nuestros muertos y con ello de convivir con la misma muerte. Como parte de esta celebración se elaboran hermosas y deliciosas ofrendas, con los platillos que a los muertos ofrendados les gustaban en vida. Otra tradición alegre y singular son las calaveritas literarias, en las que con versos se recuerdan a los muertos o inclusive a la gente viva.

Como ofrenda a mi querido Chopin escribí la calaverita que les comparto en este post e hice una ofrenda visual que pueden ver en la imágen de arriba. ¡Feliz día de muertos!

Una tarde de otoño Chopin uno de sus valses tocaba,
Atento como estaba en las naturales, sostenidos y bemoles
No se percató que desde un rincón la huesuda atenta le escuchaba,
Era una hermosa melodía inspirada en sus amores,
A Konstancja, a Alejandrina y a la Sand él recordaba.

La catrina se decía: Es tan pálido y delgado
Se parece a mí en extremo,
Y me gusta tanto que a este dandy, con todo y guantes blancos yo me llevo.

Chopin detiene su interpretación y saluda a la calaca
¿Cómo estás querida dama? Hace tiempo que te espero,
Debes saber que muchas melodías pensando en ti he compuesto,
Pero es una en especial la que para ti quiero tocar
Marcha Fúnebre se llama y bien sé te va a gustar.

La dama eterna, sentada al lado del genio musical se deleitó con la hermosa y triste melodía.
Al terminar Chopin quiso saber si a la dama había agradado
La Marcha Fúnebre tal como él había pensado.

Toda tu música es hermosa y no es ésta una excepción,
Pero curiosa como soy quisiera yo saber
¿Por qué abunda la tristeza cuando en mí se piensa?
No soy triste mírame,
Soy coqueta, animosa y seductora
Toca una mazurka y ya verás que bien sé lo que es bailar.

La mazurka fue tocada y también muy bien bailada,
La catrina dijo al músico: Dime ahora amado Fryceck que serás mi compañero,
Que tomados de la mano la eternidad compartiremos,
Y tus valses y mazurkas muy juntitos bailaremos

El polaco gustoso accedió y desde entonces, cada vez que la huesuda reclama la vida de un mortal, el moribundo tiene la dicha de escuchar las suaves notas de la Marcha Fúnebre del delgado y pálido Chopin.

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