lunes, 20 de febrero de 2017

De Chopin: Una novela corta en torno a uno de sus Nocturnos

El otro día recordaba que en una de la revistas pauta encontré un poema en el que se menciona a mi amor Chopin, de hecho en cada número de la revista se incluyen poemas, algunos tienen como tema la música, o hacen referencia a ella o a algún músico, entonces me puse a buscar a ver si encontraba alguna historia en la que se incluyera a mi músico favorito, encontré una novela corta (no muy buena por cierto) del mexicano Manuel José Othón, se llama Un Nocturno de Chopin y fue escrita en 1891, les contaré de qué trata, aunque es un verdadero drama.

Un Nocturno de Chopin cuenta la historia de un escritor llamado Teodoro, que se enamora a primera vista de una hermosa mujer llamada María Teresa, quien a su vez está casada con un músico y notable ejecutante del piano, antes de tener una relación cercana, Teodoro y María Teresa coinciden en un par de ocasiones, pero son unos desconocidos, en la segunda de estas coincidencias, Teodoro y demás invitados son testigos de la interpretación al piano del marido de la hermosa mujer: “tocó de una manera arrobadora y estética, el Primer Nocturno de Chopin”

Teodoro, reflexionando sobre lo que escucha nos dice: “Hay en las vaguedades de la música, dolores escondidos que sollozan y desesperaciones comprimidas que palpitan. Chopin es el gran poeta del piano, y el instrumento, cuando exhala sus inspiraciones, transforma las cuerdas en nervios humanos y los sonidos en quejas y gritos escapados de una garganta apretada por el dolor”. Yo opino que si bien mucha de la música de mi amor Chopin es melancólica, también tiene melodías alegres, muchas que pueden ser tiernamente tristes, y otras en las que, como bien dice Teodoro podemos sentir su desesperación, y es que sin duda en su música plasmaba su sentir, porque no creo que fuera agradable para él estar lejos de sus seres más queridos, sin poder retornar a su patria, viendo desde lejos toda la injusticia cometida sobre su pueblo; y pues menos agradable aún el sentir la muerte tan cerca de él cuando todavía era joven. Pero lo que todas sus composiciones tienen es genialidad y romanticismo.

Volviendo al relato, Teodoro y María Teresa se vuelven a encontrar más de un año después, ella es viuda, Teodoro es vecino de la finca donde ella vive y se hacen amigos, él la visita muy seguido, ella le cuenta que su marido muere con la razón perdida en un manicomio, preso de la frustración al ver que la ópera que había escrito no era lo suficientemente buena para ser representada, ya que si bien Federico era un muy buen ejecutante, como compositor no tenía talento alguno; pero esta no fue la única causa por la que perdió la razón, vivía atormentado porque él amaba con todo su ser a su esposa, pero no era correspondido, ella amaba el talento que él tenía para tocar el piano, pero apenas lo estimaba como su esposo que era. La última vez que María Teresa lo vio, él tocaba el Primer Nocturno de Chopin y mientras lo tocaba también perdía la razón. Por indicaciones médicas fue trasladado al manicomio, en donde murió 2 meses después.

Teodoro visitaba casi a diario a María Teresa, esas visitas se convirtieron en una necesidad que era recíproca. Él le leía lo que escribía, ella tocaba el piano para él.

Un día le pide que toque el mismo Nocturno de Chopin, ella se niega diciéndole lo que significaba ese Nocturno para Federico: “estos lamentos, no son lamentos, son sollozos ahogados que retumban dentro del piano como golpes dados en el interior de un ataúd”, y agregó: “… Si tocara yo ese Nocturno, me parecería que tales sollozos no habían de brotar de la concertada encordadura. Creería escucharlos surgiendo de aquel ataúd como golpes secos”, obvio se refería al ataúd de su difunto marido.

Pero Teodoro persistió y un día logró convencerla de tocar ese Nocturno, mientras la escuchaba tocar se dio cuenta de que la amaba, pero también le vino la certeza de que ese era un amor imposible, pese a que ambos eran libres. Al terminar el Nocturno ambos se confiesan enamorados el uno del otro, pero ella se siente atormentada con el recuerdo de su marido y le pide que se vaya y que no regrese sino hasta 2 días después; el escritor se va  y cumplido el plazo se apersona en la casa de María Teresa, pero ella ya no está, sólo le ha dejado una carta en la que le pide perdón por alejarse para siempre de él, y además le dice que lo suyo es imposible porque el fantasma de su marido la atormenta y no los dejaría ser felices. El pobre Teodoro hasta se enferma, con el tiempo se recupera físicamente, pero la alegría no vuelve a él nunca; finalmente pasado un tiempo se entera de casualidad que María Teresa había partido a Europa para ingresar a un convento.

Esta historia me recuerda un poco la de Pepita Jiménez de Juan Valera Benito Pérez Galdós, pero sin ser tan buena.

Por cierto que el autor no especificó bien cuál de los Nocturnos No.1 de Chopin es el protagonista de su historia ya que hay nueve: El Opus 9, 15, 27, 32, 37, 48, 55, 62 y 72. Como mi favorito es el Opus 48 (de hecho está en mi lista de las 10 piezas para piano que más me gustan), lo he seleccionado como el protagonista de esta historia y se los dejo en la interpretación de mi querida Val ¡Disfruten!


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pepita Jiménez es de Juan Valera, no de Galdós.

La Lupe dijo...

Es verdad, gracias por la corrección.