
"Ni el nombre ni la
obra musical de Chopin eran ajenos. Ya desde el 21 de enero de 1854, apenas cinco años
después de la muerte del compositor
polaco, acaecida en 1849, hay constancia de que los arpegios y armónicos de su música fueron oídos y acaso escuchados por
Santa-Anna, siendo presidente de
la República, y como parte de los actos de despedida de los músicos Ernest Lubeck y Franz Coenen, violinista el primero y pianista
el segundo, quienes ejecutaron
una "`mazurka y una polonesa brillante de Chopin. En su Reseña histórica del teatro en México, Enrique de Olavarría y Ferrari consigna, entre 1854 y
1910, más de ochenta
ocasiones en que se ejecutaron obras del músico polaco cuyos intpromptus, mazurkas, valses, polonesas y nocturnos eran
bien conocidos en el México
brillante de aquella Belle Époque. Había público y había mercado, tanto y tan bien que
otro joven músico y pianista polaco, Arthur Rubinstein, se decidiría a venir a México en 1906."
[1854]
Gran función de
despedida, a beneficio de los célebres artistas Franz Coenen y Ernesto Lubeck, violinista el
primero y pianista el segundo, de S.M. el rey de Holanda, dedicado a S.A.S. el
general Presidente de la República Mexicana, don Antonio López de Santa-Anna,
Gran Maestre de la nacional y distinguida Orden de Guadalupe, Caballero Gran
Cruz de la real y distinguida orden española de Carlos III, etc., etc., y a S.A.S. su digna esposa doña Dolores Tosta de SantaAnna, para el sábado 21 de enero de
1854".
"Para Piano.
10. Mazurca y polonesa
brillante, por Chopin.
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