jueves, 6 de agosto de 2015

De Beethoven: Un ritual cotidiano

Leí en el número 128 de la revista pauta un artículo de rituales cotidianos de pianistas y compositores, creo que ya lo había mencionado en un post anterior. Esta vez quiero compartir el referente a Beethoven, aquí lo transcribo para que lo puedan disfrutar, y es que el saber un poco cómo era un día normal para genios como él a mi me gusta mucho.

Beethoven se ponía de pie al alba y tardaba poco tiempo en enfrascarse en su trabajo. Su desayuno consistía en un café, que él mismo preparaba con gran cuidado: había resuelto que cada taza debía contener sesenta granos, y a menudo los contaba uno por uno, para obtener la dosis exacta. A continuación se sentaba en su escritorio y trabajaba hasta las dos o tres de la tarde, dándose una pausa ocasional para salir a caminar, lo cual atizaba su impulso creativo. (Quizá por esa razón, su productividad aumentaba durante los meses más cálidos.) 

Tras una comida al mediodía, Beethoven se em­barcaba en una caminata larga y vigorosa, que se extendería prácticamente por el resto de la tarde. Siempre llevaba un lápiz y un par de hojas pautadas en el bolsillo, para registrar pensamientos musicales surgidos al azar. Cuando el día comenzaba a expirar, en ocasiones se detenía en una taberna a leer los periódicos. A menudo pasaba las noches en compañía de amigos o en el teatro, aunque en invierno prefería quedarse en casa y leer. La cena solía ser muy simple: un plato de sopa, por ejemplo, y algunas sobras de la comida. Beethoven disfrutaba tomar vino con los alimentos, y servirse un vaso de cerveza y fumar pipa después de cenar. Rara vez trabajaba por la noche. Se retiraba temprano; se iba a dormir a más tardar a las diez. 

El autor del artículo es Mason Currey, y no especifica la fuente de la información que nos comparte, pero que de igual manera es interesante. 

Cuando habla de la caminata que Beethoven hacía por las tardes, me es imposible no recordar esa reproducción del músico de Bonn en yeso, que estaba sobre el piano de mi maestra, cuya pose era la de estar caminando con sus hojas pautadas y pluma en manos, las cuales llevaba echadas a su espalda.

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