domingo, 21 de marzo de 2010

Vacaciones en Szafarnia


El primer curso en el Liceo terminó con un premio al esfuerzo para Federico, si bien no con mención honorifica como en el caso de un par de sus mejores amigos.

Federico es invitado por la familia de su amigo Dominik Dziewanowski, quien además de su amigo era hijo de un alumno de Nicolás Chopin, a pasar las vacaciones en la casa solariega de la familia en Szafarnia, ahí Federico pasará unas vacaciones inolvidables y se sentirá más polaco que nunca.

Szafarnia es un poblado que se encuentra situado al noroeste de Polonia.

El día comenzaba a las 7 de la mañana y lo primordial era tomar aire y hacer todo el ejercicio posible. Por la noche se sentaba al piano junto con su anfitriona y su hija. Monta por primera vez a caballo y recorre los campos vecinos, pero se siente mas seguro sobre sus piernas.

Es la época de la cosecha, por primera vez Federico se pone en contacto directo con la tierra polaca y con los campesinos que la trabajan, los cuales a veces cantaban como si buscasen un descanso en la música, Federico los escucha atentamente.

A sus anfitriones les gustaba visitar a sus vecinos, Federico por supuesto acompañaba a sus amigos, siendo testigo del ambiente de aquellas casas solariegas rurales, en las que se conservaba el estilo de vida de una antigua nobleza, la expresión exterior del espíritu polaco, lleno de ostentación y orgullo, impulsivo y sociable, hospitalario con el extranjero pero enamorado de su propio país.

En Obrow el músico adolescente participa en una celebración llamada Okrezne, una antigua costumbre la cual consiste en que los segadores, después de la recolección entregan al patrón coronas de espigas, como símbolo de las cosechas recogidas; el amo en pago de ello les ofrecía un banquete. Todo el pueblo se reunía en la casa solariega, y después de los cantos y ritos tradicionales, tocaba la banda de los campesinos para que bailasen los presentes. Todos se dejaban llevar por la emoción, y los trajes de seda, de larga cola, y las almidonadas enaguas campesinas giraban a la par.

Federico queda encantado con los acordes que produce la banda campesina. Un cantor entona una canción risueña y luego una triste, los violines y las gaitas tocan baile tras baile, y el bastoneo pide continuamente una mazurka. Aquel caos de melodías que Federico no había escuchado nunca, aquellos ritmos y giros melódicos de muchas audaces armonías, que se entrelazan y confunden, y que algún día animarán sus obras, lo dejan fascinado.

Las vacaciones de verano llegan a su fin. Mes y medio en el campo lo han vuelto más fuerte y alto y queda unido con su suelo natal de forma tal que jamás olvidará.

2 comentarios:

MAAG dijo...

Quizá ya estás al tanto, mas no está de más.

En el blog de José de la Colina, Correo Fantasma, en el sitio güeb de Letras Libres, el autor ha estado dando entregas (recién dejó la quinta) de un texto intitulado «Chopin al piano».

Saludos cordiales,

La Lupe dijo...

Muchas gracias, voy a leer las entregas que mencionas!