Mientras me pongo al corriente, en lo que se refiere a la
vida de F. Liszt, les dejo un texto que recién leí y que es lo que Liszt le
narró a su alumna Lina Ramann, a cerca de la
ocasión en que él conoció a Beethoven.
“Primero
toqué una pieza pequeña de Ries. Cuando hube terminado, Beethoven me pidió si
podía tocar una fuga de Bach. Elegí la fuga en Do Menor de la Clave bien
temperado. ‘Y ¿podrías también cambiar de tonalidad la fuga?’ Me pidió
Beethoven. Afortunadamente fui capaz de hacerlo.
Después de mi acorde de cierre
miré hacia arriba. La mirada oscura y brillante del gran maestro se posaba
sobre mí. De repente una suave sonrisa pasó por su rostro sombrío, y Beethoven
se acercó a mí, se inclinó, puso su mano sobre mi cabeza y me acarició el pelo
varias veces. ‘Un diablo de compañero’ murmuró.
De pronto me sentí valiente y
le pedí ‘Ahora, ¿Puedo tocar algo de usted?’. Beethoven sonrió y accedió. Toqué
el primer movimiento de su Concierto en Do Mayor. Cuando concluí Beethoven me
tomó con sus dos manos, me besó en la frente, y dijo gentilmente: ‘¡Ve! ¡Eres
uno de los afortunados! Darás dicha y felicidad a mucha gente! ¡No hay nada
mejor o más lindo!”
Liszt
dijo esto con un tono de profunda emoción, con lágrimas en sus ojos. Estuvo en
silencio por un momento, y luego dijo:”Este evento en mi vida se ha mantenido
como mi más grande orgullo de toda mi carrera como artista.”
El fin de
semana anterior por fin pude darme una vuelta al Museo del Estanquillo, para
ver la exposición de Partituras Mexicanas Ilustradas.
La
museografía excelente como siempre pasa en el Estanquillo, las explicaciones
cortas y concisas para no cansar al visitante me gustaron, y vaya, las
partituras, bueno, la carátula de las partituras son unas joyas. Me encantaron.
La
exposición se inicia hablando de la época del siglo XIX y de cómo fueron
ensalzados en la música los héroes de la independencia y de la época de la
reforma. Me llamó mucho la atención que existe un vals dedicado a Don Miguel
Hidalgo, digo me esperaba una marcha, pero no un vals.
También
podemos leer sobre el Himno Nacional Mexicano y apreciar algunas partituras del
mismo.
Luego vemos
el espacio dedicado a la época del porfiriato, destacan aquí las dedicatorias a
Don Porfirio y a su esposa Carmen Romero Rubio.
Una de las
explicaciones que me recordó mucho a Chopin fue la de “El salón y la tertulia”,
ya que recordemos que a Chopin no le agradaban las multitudes y prefería
presentarse en los salones. Aquí lo que leí sobre El salón y la tertulia:
“En las
casas de familias acomodadas, el salón se convirtió en la habitación destinada
a los encuentros sociales, como las visitas y las tertulias. En estas últimas,
las personas bailaban, eran intérpretes de música de cámara o de piezas piano y
canto. También cultivaban la conversación, la declamación, la lectura en voz
alta de pasajes literarios y se mostraban composiciones propias de música y
poesía.
En estas
reuniones, las partituras además de ser colocadas en los atriles, circulaban de
mano en mano para ser admiradas.”
Las
ilustraciones para las partituras de esta
época son especialmente bonitas, yo creo que por el mismo romanticismo
que imperaba en la misma, he aquí las que más me gustaron:
De esta
época yo buscaba en particular la partitura del Vals Capricho de Ricardo Castro,
ya que me trae muy lindos recuerdos de mi maestra de piano, pero no estuvo.
Obviamente
también esperaba encontrar la partitura del Vals Sobre las Olas de Juventino
Rosas, esa sí la vi y en un lugar de honor, como lo merece.
Y de Felipe
Villanueva, quien es el compositor mexicano de mi preferencia encontré estas,
que además son unos valses preciosos:
Una de las
ilustraciones que más me gustó es la que muestra cómo se veía la fachada del
repertorio de música Wagner, primer repertorio musical que visité cuando tenía
yo 11 añitos, recuerdo la emoción que tuve al solicitar una partitura, porque
le dije a mi mamá que quería ser yo quien la pidiera, la partitura era: “Vals
Vida de Artista de Strauss, simplificado”.
Quería yo
encontrar alguna partitura cuya música hubiera yo tocado en el piano, y sólo me
encontré esta, que fue parte del potpurrí mexicano del concierto de 1990.
Aquí un par
de partituras que hacen alusión a mi segundo nombre
En la
segunda parte de la exposición vi muros dedicados a Cri-Cri, Agustín Lara,
Manuel M Ponce, Carlos Chávez y Silvestre Revueltas.
Quien pueda ir no se la pierda, porque además de
la exposición de las partituras mexicanas ilustradas, hay una dedicada a Miguel
Covarrubias, cuyo arte en el dibujo es simplemente sensacional.
Cuando
inicié este blog lo hice con mucha alegría y con el afán de compartir
conocimiento sobre la vida y obra de Chopin, y luego también de Liszt. El
propósito de este blog no ha cambiado, yo sí un poco, en los últimos dos años
hubieron situaciones que provocaron el descuido de este espacio, pero también
hubieron cosas muy chidas (que para mí siempre tendrán más peso que las cosas
feas y tristes), como conocer gente a quien estimo mucho y algo que me ha
fascinado particularmente: CORRER. El correr forma ahora parte de mi vida, lo
disfruto mucho, me hace sentir bien y contenta, he ido de a poco y de la mano
de mi chamuco (mi esposo, pues) quien me ha entrenado en esta nueva, sensacional y saludable actividad. Se siente
tan bien el aire en la cara, la soledad y la música que escucho cuando corro,
por supuesto que Chopin está en mi playlist tanto en su forma clásica como a
ritmo de jazz y de rock… ¡yeah!
Retomo este
blog porque me han vuelto las ganas de escribirlo e investigar para hacerlo,
así que aquí voy, intentaré seguir
compartiendo sobre lo que lea de mis queridos músicos, así como de las
experiencias musicales que me ocurran a lo largo del año, y ¿por qué no?
también de una que otra carrera. Espero que quien se tome el tiempo para leerlo
lo encuentre agradable e interesante, y que si no conocen y/o aman a Chopin lo
hagan.
Vamos pues
a la parte de la vida de Chopin en donde me quedé: En Dresde, en 1835 cuando se
enamora de María Wodzinska, la hermana de antiguos condiscípulos y amigos.
Federico
Chopin emprende su viaje de regreso a París
el 19 de Septiembre de 1835, después de haber pasado unas felices
vacaciones al lado de sus padres, en este viaje de regreso tiene planeadas dos
escalas: Dresde y Leipzig
En Dresde
visita a la familia del conde Wodzinski, que se encuentran ahí también de
vacaciones, los hijos mayores de los condes son amigos y condiscípulos de
Chopin, de la época en la que vivieron en Varsovia, el reencuentro fue lleno de alegría. Los Wodzinski salieron de Polonia para establecerse en Suiza
después del levantamiento de 1830, en su nueva residencia se codeaban con la
nobleza y con los artistas y eruditos.
Cuando
vivían en Varsovia y Federico convivía con los ellos, a los juegos de los niños
mayores se unía una pequeñita muy linda, se llamaba María y entre juego y
juego, Chopin caminaba detrás de ella diciendo que estaba enamorado. En esta
visita a Dresde Chopin se encuentra con que María ya no es una niña y sí una
joven hermosa que contaba con 16 años, culta, refinada, y que además cantaba
precioso, tenía una linda voz de contralto. Chopin quedó flechado y María le
correspondía. Se hicieron asiduos paseantes de la ciudad, les encantaba ir al
Palacio de Brühl y al Grossgarten.
Un tío de
María, hermano mayor del conde, se percató de la afinidad y creciente cariño
que se desarrollaba entre su sobrina y el joven músico, esto no le gustó y se
lo hizo saber a su hermano, quien solía tener muy en cuenta su opinión. Pero la
condesa, de nombre Teresa, sentía
verdadero cariño por Chopin, le llamaba su cuarto hijo, y como la estancia de
Federico sería corta, no se preocupaba gran cosa por el supuesto romance, y
tranquilizó a su marido. Además el nombre de Federico Chopin ya era reconocido en Europa, y el que el
querido Frycek prefiriera estar en su casa que en cualquier otro lado, la
halagaba y se sentía contenta.
La estancia
de Chopin en Dresde llegó a su fin, debía continuar su viaje de regreso a la
capital francesa. Los últimos días en Dresde, por las noches se sentaba al
piano y ahí nació el Vals Opus 69 No. 1. El día de su partida lo tocó como
despedida de la querida familia polaca, pero más que para todos, él tocaba para
María, al finalizar le regaló el manuscrito dedicado a ella y fechado en
Septiembre de 1835 en la ciudad de Dresde. Más tarde
este vals se le conocería como Vals del adiós.
Sobre él
Justo Romero nos dice: “Publicado en 1855, 6 años después de la muerte de su autor.
Abre la serie de once valses que Chopin prefirió conservar inéditos, al no
considerarlos obras con entidad suficiente como para ser editadas. Publicado
por su amigo Julián Fontana, que retocó en algunos detalles, además de añadir
indicaciones expresivas y dinámicas.
El vals,
efectivamente, está teñido de un inequívoco aire nostálgico.”
Más adelante veremos qué pasa con María y
Federico, ya que el músico debe parar en Leipzig para visitar a Mendelssohn y
conocer a Schuman y a Clara Wienck, quien será la esposa de Schumann
posteriormente.
El
hecho sucede al finalizar el primer concierto que Chopin da en París el 26 de
Febrero de 1832 en la Sala Pleyel, del cual ya hablamos en un post anterior: Primer Concierto de Chopin en París. Liszt se
acerca a saludar al polaco junto con Mendelssohn, Osborne y Hiller, después de
haberle aplaudido estruendosamente. Paër es quien los presenta.
A partir de
este concierto nace en Liszt una profunda admiración por Federico, admiración
que no cesará nunca, prueba de ello es la biografía de Chopin que Liszt
escribió tras la muerte del polaco.
Los dos
eran geniales y a la vez muy opuestos, Chopin por ejemplo era introvertido, habitaba
un mundo íntimo y rehuía la mirada del público tanto como Liszt la cortejaba.
Mientras la salud del polaco era frágil la de Liszt era robusta. Chopin un
polaco, orgulloso de su nacionalidad y añorando su tierra natal, buscaba
siempre la compañía de sus compatriotas y a través de su música renovaba su
lealtad nacional, Liszt en cambio se convirtió en un ciudadano del mundo en un
ser cosmopolita. A pesar de, y yo creo que al mismo tiempo por esas
diferencias, lograron entablar una cordial amistad y hacerse muy asiduos el uno
del otro.
Se
admiraban mutuamente, aunque cada uno a su manera. Liszt admiraba completamente
a Chopin, el refinamiento de su forma de ser, su manera de componer música y de
interpretarla, de hecho en algunas de sus composiciones absorbe ciertos
elementos del estilo pianístico de Chopin. En cuanto a Federico admiraba el
virtuosismo de Liszt como ejecutante, pero no su composición.
Hay una
anécdota que según leí, Liszt le contó al conde Albert Appoyi y va así: Chopin
y Liszt fueron invitados a una reunión musical en París, y Liszt sentía que
Chopin lo había dejado en la sombra, acaparando toda la atención. Así que
mientras Chopin tocaba, Liszt fue con la anfitriona y le sugirió que apagara
las luces, que sería una experiencia deliciosa escuchar a Chopin en la
oscuridad. Las luces se apagaron, y mientras Chopin tocaba, Liszt se sentó
junto a él, quien al participar en la broma le cedió su lugar sin dejar de
tocar ni interrumpir la pieza; cuando las luces se encendieron, la gente se
sorprendió mucho al ver sentado al piano a Liszt y no a Chopin, no habían
notado la diferencia en la ejecución. Liszt entonces se levantó y le dijo a
Chopin: “Mi querido Federico, ahora hazme el favor de sentarte al piano y
tocar, haciendo que la gente crea que es Liszt quien lo hace.”
En la
película Canción Inolvidable, hay una escena parecida a esta anécdota, sólo que
con los papeles invertidos, es decir, el que se suponía que estaría tocando era
Liszt, y cuando se encienden las luces es Chopin quien lo hace. En la película
Liszt y George Sand idean esto para ayudar a Chopin, quien supuestamente, había
fracasado en su primer concierto en París, ya que momentos antes de salir a
escena se entera de que amigos muy queridos habían sido ejecutados por ayudarlo
a escapar de Varsovia. Pura ficción, pero que linda escena, aquí se las dejo.
Hubo un
distanciamiento entre ambos cuando Liszt, aprovechando la ausencia de Chopin,
usó el departamento de éste sin su permiso, para una cita galante con Marie
Moke, la coqueta que le había causado decepción y problemas a Berlioz antes de
casarse con Camile Pleyel. Sin embargo seguían en contacto aunque ya no
coincidían tan a menudo. Además debemos recordar que es Franz Liszt quien
presenta a Chopin con George Sand, la novelista que será el amor de su vida.
En la biografía que Liszt escribe de
su amigo nos deja ver la admiración que sentía por él: “Su genio se revela a través de las
emociones que se permite expresar en su arte, a través de la nobleza de su obra
creada, a través de una unión tan perfecta del concepto y la forma.”
“Al analizar las obras de Chopin, nos encontramos con
bellezas de orden muy elevado, expresiones enteramente nuevas, y un tejido
armónico tan original como erudito. En sus composiciones, el atrevimiento
siempre está justificado, la riqueza, incluso la exuberancia, no excluye la
claridad. Sus mejores piezas abundan en combinaciones que puede decirse que han
creado época en el mejor estilo musical.”
Pienso: ¿Qué más prueba de admiración que el dejarte influir
por el estilo del admirado sin perder tu originalidad? Eso fue lo que Liszt
hizo y eso no cualquiera lo logra, pero los genios sí.
El fin de
semana pasado el cuarto programa de la temporada de verano de la Orquesta
Sinfónica de Minería consistía en:
Un estreno
de Álvarez llamado De aquí a la veleta
El primer
concierto para piano de Tchaikovsky
Y Vitrales
de una iglesia de Respighi
Ni el
primer compositor ni el tercero me son conocidos y sin embargo, en cuanto vi el
programa, decidí sin ninguna duda que asistiría a ese concierto ¿La razón? Muy
simple, para el primer concierto para piano de Tchaikovsky la solista sería la
maestra Valentina Lisitsa y ¡soy fan!
Por nuestra
experiencia del año pasado, decidimos ir al concierto el sábado por la noche, y
sinceramente, creo que es el mejor de los dos días para asistir, además de esta
manera la puede uno admirar dos veces, ya que el concierto de los domingos es
transmitido por TVUNAM y por canal 22.
Llegamos
pasadas las 5 pm, la tarde era soleada y muy bonita, caminamos por el CCU (Centro Cultural Universitario) y dirigí
nuestros pasos a una banca cercana a la entrada y salida de los músicos, con el
afán de poder ver a mi pianista favorita, claro, si es que no había llegado
aún. Serían las 6 cuando mi chamuco me pregunta:”La estamos esperando,
¿verdad?”, creo que hasta ese momento se dio cuenta de mis intenciones al
sentarnos ahí, y es que ante nuestros ojos pasaron un par de músicos con sus
instrumentos. Pues ni bien terminaba yo de contestarle a mi marido cuando la
vimos aproximarse, rápido saqué mi cámara y le pedí una foto, con una sonrisa
accedió, le tomé una en solitario y mi chamuco nos tomó otra juntas ¡Yo feliz!
Todo fue
muy rápido, y ya nos habíamos alejado cuando me di cuenta que no le había hecho
la pregunta que siempre me había planteado hacerle cuando me acercara a ella:
¿Cuál de las piezas de Chopin es su favorita? Me lamenté esperando tener la
ocasión en un futuro.
Una vez que
abrieron el acceso a la Sala Nezahualcóyotl me apresuré a ir a la tienda, para
ver si tenían el último CD de la maestra Lisitsa; tuve suerte, ahí estaba el
Rachmaninoff: The Piano Concertos y el Live at the Royal Albert Hall ¡Y más
aún! El encargado de la tienda nos dijo que la maestra estaría firmando
autógrafos al final del concierto.
Ya sentados
en la Sala, disfrutamos de la música. De aquí a la veleta me gustó mucho, en
especial las percusiones y las cuerdas.
En cuanto a
Tchaikovsky el inicio de su primer concierto para piano es espectacular, de
esos que te ponen la piel de gallina, la interpretación de la maestra Lisitsa
fue genial, me encantó. Al terminar, su público le aplaudimos muchísimo, era
muy grande la emoción, sentados atrás de mí había jóvenes estudiantes de
música, y pues literal aplaudíamos y gritábamos de emoción, y ella, con un
hermoso vestido azul nos regaló cuatro encores maravillosos: Ave María de
Schubert-Liszt, Preludio Op.23 No.5 de Rachmaninoff, Nocturno No.2 Op.9 de mi
amado Chopin y La Campanella de Liszt. La ovación en cada uno fue muy grande,
no nos cansábamos de aplaudir, hasta que finalmente la maestra hizo una seña de
adiós al terminar de agradecer la ovación por La Campanella.
Cuando
finalmente terminamos de aplaudir a la OSM por Vitrales de una iglesia, aplauso
que para nada merecía un encore, me dirigí rápidamente a la tienda para buscar
mi autógrafo, la fila era grande, pero nada me movería de ahí. Cerca de las 11
de la noche terminaba mi espera y corregía a mi querida Val con respecto a mi
nombre, ya que como mucha gente que lo escucha entendió Tamaris y no Damaris;
mientras me firmaba la portada de su CD, le hice mi pregunta: Which of the
Chopin’s piece is your favorite? La sorprendí agradablemente, sonriendo me dijo
que era muy difícil decirlo, pues le gustan muchas piezas de Chopin, mencionó
las 4 Baladas, los 4 Scherzos, la Fantasía. Satisfecha y feliz le agradecí y me
despedí de ella.
La maestra
Valentina Lisitsa es virtuosa, sencilla y generosa. Cuando la veo tocar el
piano con sus vestidos lindos pienso en que es una Elfa de la Música en
Rivendell. Yo la admiro mucho.
El domingo
miré los encores por tv y fueron tres: Ave María de Schubert-Liszt, Sonata No7
(Finale) de Prokofiev y Nocturno en do sostenido postumo de Chopin. ¿Será que
al elegir su tercer encore recordó mi pregunta? El pensar que así fue me hace sentir
feliz.
En 1836,
los Sres. Chopin decidieron que era el momento de volver a ver a su hijo, para
quien era prácticamente imposible regresar a Varsovia, debido a la situación
que ahí se vivía; así que decidieron salir de vacaciones y reencontrarse con su
querido Federico.
El lugar en
donde se reunirían sería en Karlsbad, que era y sigue siendo una ciudad
balneario de Bohemia, y que se encuentra en la región occidental de la
República Checa. Es famosa históricamente por sus fuentes termales (13
fuentes principales y unos cientos de ellas, más pequeñas) y el río Teplá,
también de aguas calientes, la podemos ver en la imagen que tomé de la wiki.
A mediados de agosto se dio el encuentro entre el músico y
sus padres, el cual estuvo lleno de amor y alegría, como lo podemos confirmar
con las palabras que el mismo Federico dirige a sus hermanas, en una carta que
escribe su padre para darles noticias: “Nuestra alegría es inexpresable. Nos
abrazamos y seguimos abrazándonos. Nuestros padres son siempre los mismos,
aunque un tanto envejecidos. Nos paseamos, tomamos a nuestra madre del brazo,
hablamos de ustedes, bebemos, comemos juntos, bromeamos, lanzamos gritos: me
siento colmado de dicha. ¡De alegría, las estrecho contra mi corazón hasta
ahogarlas!”
Por unos
días volvió a ser el Chopin de Varsovia: excesivo, afectuoso, desbordante de
alegría. Estaba realmente muy feliz de volver a ver a sus padres y de convivir
con ellos y con otros compatriotas que se encontraban en aquel lugar. Sin embargo su padre le cuenta que Varsovia
había cambiado, la casa donde habían vivido no existía ya; los rusos habían
cerrado el conservatorio y la universidad y que sus amigos y compañeros se
habían dispersado; como quien dice, no tenía caso alguno el que intentara
regresar, allá no había futuro para él.
La
felicidad duró 3 semanas y en ese tiempo toca el piano para sus padres y
amigos, y también compone música alegre: una Mazurka, una Polonesa y el Vals
Op.34 No.1, ¡mi favorito!
Ya en una
entrada anterior (Mis piezas favoritas de Chopin) les comenté del por qué es mi pieza favorita
entre todo el repertorio de Chopin, ahora cito lo que Jeremy Siepmann dice
sobre este vals en su libro The Reluctant Romantic: “Una obra que captura con
maravillosa precisión el humor de Chopin en el momento en que lo compuso:
energía juvenil y alegría, emparejado con una exaltación desinteresada de sus
habilidades, pero también con discretos toques de melancolía y nostalgia.”
Para
alargar un poco la compañía de sus padres, Federico los acompaña a Teplitz y de
ahí al castillo de Decin, que es ya la frontera con Polonia y en donde
visitan a unos amigos. El 14 de septiembre los Sres. Chopin emprenden su viaje
de regreso a Varsovia. Este será el último adiós entre padres e hijo, Federico
no volverá a ver a sus padres.
Cinco días después Chopin regresa a París, pero
se detiene en Dresde, para saludar a los Wodzinski, quienes se encuentran ahí
en su regreso a Polonia. En Dresde Chopin se enamorará. Mientras escuchemos el vals Op.34 No.1 video que hice de una grabación de Rubinstein con fotos que tomé en la hermosa Isla del Príncipe Eduardo de Canadá.
A manera de
celebrar el cumpleaños número 203 de Federico Chopin, quiero platicar sobre
cuáles de sus piezas son las que más me gustan. Esto es difícil, así que platicaré
de las que primero pensé y que son las que nunca faltan en el reproductor de
música que cargo.
Sin duda
alguna puedo afirmar que mi pieza favorita de Chopin es el Vals Brillante Op.
34 No.1. Cuando vi por primera vez la película Canción Inolvidable, en la gira
final que supuestamente hizo Chopin justo antes de morir, se puede apreciar al
actor (muy guapo por cierto) Cornel Wilde, tocar fragmentos de varias piezas del
músico polaco, uno de esos fragmentos es la parte final de ese vals y me
enamoré. Pregunté si estaba en mis posibilidades el tocarlo bien, mi querida
maestra accedió y lo estudié con empeño. Fue la primera pieza de Chopin que
toqué en mi vida y la amo. De mis pianistas favoritos se la he escuchado a
Rubinstein, a Lang Lang y al gran Ingolf; y de estas tres interpretaciones me
quedo con la de Ingolf Wunder. Me encantaría escuchársela a la maestra Lisitsa.
Otra pieza
que tiene memorias muy queridas y especiales para mí, es la Polonesa Heroica,
fue la primera pieza de Chopin que escuché en vivo, la estudiaba mi maestra
cuando preparábamos el primer recital del estudio de piano en el que participé.
Mi maestra la interpretaba de forma impecable, emotiva y bella, interpretación
que siempre será inolvidable.
De los
estudios mis favoritos son 5:
El Op.10 No.3, porque le encantaba a mi abuelita.
Tiene el sobrenombre de Tristeza, dudo mucho que a Chopin le hubiera agradado
saber de estos sobrenombres.
El Op.10
No.5, conocido también como el estudio de las teclas negras, ya que solamente
este tipo de teclas es usado en su ejecución y por eso es que me gusta.
El Op.25
No.12 me encanta porque como su sobrenombre lo indica suena tempestuoso, fuerte
y único como el océano.
El Op.25
No.9, con otro sobrenombre: La mariposa, sobrenombre que tampoco le puso el
autor. Este estudio siempre logra sacarme una sonrisa, y por eso me encanta.
El Op.10
No.12, el Revolucionario claro está, en el que Chopin expresa su impotencia y
dolor por lo que sucede en su patria, lo compuso cuando estalló una rebelión en
Varsovia, justo después de que él partiera de ahí para nunca más volver. Es
también una melodía importante para quien esto escribe, empecé a estudiarla
recién murió mi maestra, pero nunca pasé de 2 renglones. El último de mis
cumpleaños que compartí con Lolita (mi maestra) fue el de mi mayoría de edad,
el número 18, y ella me obsequió con algo que nadie me había regalado y que
nadie lo ha hecho después, me regaló su arte en el piano, su interpretación del
Vals Capricho de Ricardo Castro y del Estudio Revolucionario de Chopin, un
regalo y un recuerdo que atesoro y que cuando viene a mi mente me hace pensar:
“Sí, mi maestra me quería, me quería mucho.” Y eso me hace sentir muy bien.
Y para
sentirse melancólico o triste, y como decimos en México echarle sal con limón a
la herida de cualquier índole, nada como el hermoso Nocturno No.15 Op.48. que
es de una belleza sublime y desgarradora, al menos a mí así me lo parece.
Me gustan
mucho también las baladas No.1 y No.4, la primera está basada en una canción de
cuna, y la cuarta inspirada completamente en la voz humana, es una obra
maestra.
El pasado
Octubre, tuve la suerte de asistir al concierto de Leszek Mozdzer, dentro del
FIC y le escuché una improvisación en jazz de la
Mazurka Op.24 No.2 y fue genial, me gustó mucho mucho, y también demuestra que
Chopin es intemporal.
Hay un
preludio que me fascina, porque muchas veces, aunque nadie se lo imagine me siento tal como se escucha ese preludio que es el Op.28
No.24, les dejo este video para que lo escuchen.