jueves, 13 de febrero de 2014

Del testimonio de Liszt de cuando conoció a Beethoven

Mientras me pongo al corriente, en lo que se refiere a la vida de F. Liszt, les dejo un texto que recién leí y que es lo que Liszt le narró a su alumna Lina Ramann, a cerca de la ocasión en que él conoció a Beethoven.

“Primero toqué una pieza pequeña de Ries. Cuando hube terminado, Beethoven me pidió si podía tocar una fuga de Bach. Elegí la fuga en Do Menor de la Clave bien temperado. ‘Y ¿podrías también cambiar de tonalidad la fuga?’ Me pidió Beethoven. Afortunadamente fui capaz de hacerlo. 
Después de mi acorde de cierre miré hacia arriba. La mirada oscura y brillante del gran maestro se posaba sobre mí. De repente una suave sonrisa pasó por su rostro sombrío, y Beethoven se acercó a mí, se inclinó, puso su mano sobre mi cabeza y me acarició el pelo varias veces. ‘Un diablo de compañero’ murmuró. 
De pronto me sentí valiente y le pedí ‘Ahora, ¿Puedo tocar algo de usted?’. Beethoven sonrió y accedió. Toqué el primer movimiento de su Concierto en Do Mayor. Cuando concluí Beethoven me tomó con sus dos manos, me besó en la frente, y dijo gentilmente: ‘¡Ve! ¡Eres uno de los afortunados! Darás dicha y felicidad a mucha gente! ¡No hay nada mejor o más lindo!”


Liszt dijo esto con un tono de profunda emoción, con lágrimas en sus ojos. Estuvo en silencio por un momento, y luego dijo:”Este evento en mi vida se ha mantenido como mi más grande orgullo de toda mi carrera como artista.”

viernes, 7 de febrero de 2014

De la exposición Partituras Mexicanas Ilustradas

El fin de semana anterior por fin pude darme una vuelta al Museo del Estanquillo, para ver la exposición de Partituras Mexicanas Ilustradas.

La museografía excelente como siempre pasa en el Estanquillo, las explicaciones cortas y concisas para no cansar al visitante me gustaron, y vaya, las partituras, bueno, la carátula de las partituras son unas joyas. Me encantaron.

La exposición se inicia hablando de la época del siglo XIX y de cómo fueron ensalzados en la música los héroes de la independencia y de la época de la reforma. Me llamó mucho la atención que existe un vals dedicado a Don Miguel Hidalgo, digo me esperaba una marcha, pero no un vals.



También podemos leer sobre el Himno Nacional Mexicano y apreciar algunas partituras del mismo.



Luego vemos el espacio dedicado a la época del porfiriato, destacan aquí las dedicatorias a Don Porfirio y a su esposa Carmen Romero Rubio.



Una de las explicaciones que me recordó mucho a Chopin fue la de “El salón y la tertulia”, ya que recordemos que a Chopin no le agradaban las multitudes y prefería presentarse en los salones. Aquí lo que leí sobre El salón y la tertulia:
“En las casas de familias acomodadas, el salón se convirtió en la habitación destinada a los encuentros sociales, como las visitas y las tertulias. En estas últimas, las personas bailaban, eran intérpretes de música de cámara o de piezas piano y canto. También cultivaban la conversación, la declamación, la lectura en voz alta de pasajes literarios y se mostraban composiciones propias de música y poesía.
En estas reuniones, las partituras además de ser colocadas en los atriles, circulaban de mano en mano para ser admiradas.”

Las ilustraciones para las partituras de esta  época son especialmente bonitas, yo creo que por el mismo romanticismo que imperaba en la misma, he aquí las que más me gustaron:


                                                          
De esta época yo buscaba en particular la partitura del Vals Capricho de Ricardo Castro, ya que me trae muy lindos recuerdos de mi maestra de piano, pero no estuvo.

Obviamente también esperaba encontrar la partitura del Vals Sobre las Olas de Juventino Rosas, esa sí la vi y en un lugar de honor, como lo merece.



Y de Felipe Villanueva, quien es el compositor mexicano de mi preferencia encontré estas, que además son unos valses preciosos:



Una de las ilustraciones que más me gustó es la que muestra cómo se veía la fachada del repertorio de música Wagner, primer repertorio musical que visité cuando tenía yo 11 añitos, recuerdo la emoción que tuve al solicitar una partitura, porque le dije a mi mamá que quería ser yo quien la pidiera, la partitura era: “Vals Vida de Artista de Strauss, simplificado”.


Quería yo encontrar alguna partitura cuya música hubiera yo tocado en el piano, y sólo me encontré esta, que fue parte del potpurrí mexicano del concierto de 1990.



Aquí un par de partituras que hacen alusión a mi segundo nombre



En la segunda parte de la exposición vi muros dedicados a Cri-Cri, Agustín Lara, Manuel M Ponce, Carlos Chávez y Silvestre Revueltas.

Quien pueda ir no se la pierda, porque además de la exposición de las partituras mexicanas ilustradas, hay una dedicada a Miguel Covarrubias, cuyo arte en el dibujo es simplemente sensacional.


martes, 4 de febrero de 2014

Retomando el Blog

Cuando inicié este blog lo hice con mucha alegría y con el afán de compartir conocimiento sobre la vida y obra de Chopin, y luego también de Liszt. El propósito de este blog no ha cambiado, yo sí un poco, en los últimos dos años hubieron situaciones que provocaron el descuido de este espacio, pero también hubieron cosas muy chidas (que para mí siempre tendrán más peso que las cosas feas y tristes), como conocer gente a quien estimo mucho y algo que me ha fascinado particularmente: CORRER. El correr forma ahora parte de mi vida, lo disfruto mucho, me hace sentir bien y contenta, he ido de a poco y de la mano de mi chamuco (mi esposo, pues) quien me ha entrenado en esta nueva,  sensacional y saludable actividad. Se siente tan bien el aire en la cara, la soledad y la música que escucho cuando corro, por supuesto que Chopin está en mi playlist tanto en su forma clásica como a ritmo de jazz y de rock… ¡yeah!

Retomo este blog porque me han vuelto las ganas de escribirlo e investigar para hacerlo, así que aquí voy,  intentaré seguir compartiendo sobre lo que lea de mis queridos músicos, así como de las experiencias musicales que me ocurran a lo largo del año, y ¿por qué no? también de una que otra carrera. Espero que quien se tome el tiempo para leerlo lo encuentre agradable e interesante, y que si no conocen y/o aman a Chopin lo hagan.

Vamos pues a la parte de la vida de Chopin en donde me quedé: En Dresde, en 1835 cuando se enamora de María Wodzinska, la hermana de antiguos condiscípulos y amigos.

Federico Chopin emprende su viaje de regreso a París  el 19 de Septiembre de 1835, después de haber pasado unas felices vacaciones al lado de sus padres, en este viaje de regreso tiene planeadas dos escalas: Dresde y Leipzig

En Dresde visita a la familia del conde Wodzinski, que se encuentran ahí también de vacaciones, los hijos mayores de los condes son amigos y condiscípulos de Chopin, de la época en la que vivieron en Varsovia, el reencuentro fue lleno de alegría. Los Wodzinski salieron de Polonia para establecerse en Suiza después del levantamiento de 1830, en su nueva residencia se codeaban con la nobleza y con los artistas y eruditos.

Cuando vivían en Varsovia y Federico convivía con los ellos, a los juegos de los niños mayores se unía una pequeñita muy linda, se llamaba María y entre juego y juego, Chopin caminaba detrás de ella diciendo que estaba enamorado. En esta visita a Dresde Chopin se encuentra con que María ya no es una niña y sí una joven hermosa que contaba con 16 años, culta, refinada, y que además cantaba precioso, tenía una linda voz de contralto. Chopin quedó flechado y María le correspondía. Se hicieron asiduos paseantes de la ciudad, les encantaba ir al Palacio de Brühl y al Grossgarten.

Un tío de María, hermano mayor del conde, se percató de la afinidad y creciente cariño que se desarrollaba entre su sobrina y el joven músico, esto no le gustó y se lo hizo saber a su hermano, quien solía tener muy en cuenta su opinión. Pero la condesa,  de nombre Teresa, sentía verdadero cariño por Chopin, le llamaba su cuarto hijo, y como la estancia de Federico sería corta, no se preocupaba gran cosa por el supuesto romance, y tranquilizó a su marido. Además el nombre de Federico Chopin  ya era reconocido en Europa, y el que el querido Frycek prefiriera estar en su casa que en cualquier otro lado, la halagaba y se sentía contenta.

La estancia de Chopin en Dresde llegó a su fin, debía continuar su viaje de regreso a la capital francesa. Los últimos días en Dresde, por las noches se sentaba al piano y ahí nació el Vals Opus 69 No. 1. El día de su partida lo tocó como despedida de la querida familia polaca, pero más que para todos, él tocaba para María, al finalizar le regaló el manuscrito dedicado a ella y fechado en Septiembre de 1835 en la ciudad de Dresde. Más tarde este vals se le conocería como Vals del adiós.

Sobre él Justo Romero nos dice: “Publicado en 1855, 6 años después de la muerte de su autor. Abre la serie de once valses que Chopin prefirió conservar inéditos, al no considerarlos obras con entidad suficiente como para ser editadas. Publicado por su amigo Julián Fontana, que retocó en algunos detalles, además de añadir indicaciones expresivas y dinámicas.
El vals, efectivamente, está teñido de un inequívoco aire nostálgico.”



Más adelante veremos qué pasa con María y Federico, ya que el músico debe parar en Leipzig para visitar a Mendelssohn y conocer a Schuman y a Clara Wienck, quien será la esposa de Schumann posteriormente.

lunes, 12 de agosto de 2013

De Liszt: Cuando conoce a Chopin

El hecho sucede al finalizar el primer concierto que Chopin da en París el 26 de Febrero de 1832 en la Sala Pleyel, del cual ya hablamos en un post anterior: Primer Concierto de Chopin en ParísLiszt se acerca a saludar al polaco junto con Mendelssohn, Osborne y Hiller, después de haberle aplaudido estruendosamente. Paër es quien los presenta.

A partir de este concierto nace en Liszt una profunda admiración por Federico, admiración que no cesará nunca, prueba de ello es la biografía de Chopin que Liszt escribió tras la muerte del polaco.

Los dos eran geniales y a la vez muy opuestos, Chopin por ejemplo era introvertido, habitaba un mundo íntimo y rehuía la mirada del público tanto como Liszt la cortejaba. Mientras la salud del polaco era frágil la de Liszt era robusta. Chopin un polaco, orgulloso de su nacionalidad y añorando su tierra natal, buscaba siempre la compañía de sus compatriotas y a través de su música renovaba su lealtad nacional, Liszt en cambio se convirtió en un ciudadano del mundo en un ser cosmopolita. A pesar de, y yo creo que al mismo tiempo por esas diferencias, lograron entablar una cordial amistad y hacerse muy asiduos el uno del otro.

Se admiraban mutuamente, aunque cada uno a su manera. Liszt admiraba completamente a Chopin, el refinamiento de su forma de ser, su manera de componer música y de interpretarla, de hecho en algunas de sus composiciones absorbe ciertos elementos del estilo pianístico de Chopin. En cuanto a Federico admiraba el virtuosismo de Liszt como ejecutante, pero no su composición.

Hay una anécdota que según leí, Liszt le contó al conde Albert Appoyi y va así: Chopin y Liszt fueron invitados a una reunión musical en París, y Liszt sentía que Chopin lo había dejado en la sombra, acaparando toda la atención. Así que mientras Chopin tocaba, Liszt fue con la anfitriona y le sugirió que apagara las luces, que sería una experiencia deliciosa escuchar a Chopin en la oscuridad. Las luces se apagaron, y mientras Chopin tocaba, Liszt se sentó junto a él, quien al participar en la broma le cedió su lugar sin dejar de tocar ni interrumpir la pieza; cuando las luces se encendieron, la gente se sorprendió mucho al ver sentado al piano a Liszt y no a Chopin, no habían notado la diferencia en la ejecución. Liszt entonces se levantó y le dijo a Chopin: “Mi querido Federico, ahora hazme el favor de sentarte al piano y tocar, haciendo que la gente crea que es Liszt quien lo hace.” 

En la película Canción Inolvidable, hay una escena parecida a esta anécdota, sólo que con los papeles invertidos, es decir, el que se suponía que estaría tocando era Liszt, y cuando se encienden las luces es Chopin quien lo hace. En la película Liszt y George Sand idean esto para ayudar a Chopin, quien supuestamente, había fracasado en su primer concierto en París, ya que momentos antes de salir a escena se entera de que amigos muy queridos habían sido ejecutados por ayudarlo a escapar de Varsovia. Pura ficción, pero que linda escena, aquí se las dejo.



Hubo un distanciamiento entre ambos cuando Liszt, aprovechando la ausencia de Chopin, usó el departamento de éste sin su permiso, para una cita galante con Marie Moke, la coqueta que le había causado decepción y problemas a Berlioz antes de casarse con Camile Pleyel. Sin embargo seguían en contacto aunque ya no coincidían tan a menudo. Además debemos recordar que es Franz Liszt quien presenta a Chopin con George Sand, la novelista que será el amor de su vida.

En la biografía que Liszt escribe de su amigo nos deja ver la admiración que sentía por él: “Su genio se revela a través de las emociones que se permite expresar en su arte, a través de la nobleza de su obra creada, a través de una unión tan perfecta del concepto y la forma.”

“Al analizar las obras de Chopin, nos encontramos con bellezas de orden muy elevado, expresiones enteramente nuevas, y un tejido armónico tan original como erudito. En sus composiciones, el atrevimiento siempre está justificado, la riqueza, incluso la exuberancia, no excluye la claridad. Sus mejores piezas abundan en combinaciones que puede decirse que han creado época en el mejor estilo musical.”


Pienso: ¿Qué más prueba de admiración que el dejarte influir por el estilo del admirado sin perder tu originalidad? Eso fue lo que Liszt hizo y eso no cualquiera lo logra, pero los genios sí.

miércoles, 31 de julio de 2013

De mi foto con Valentina Lisitsa

El fin de semana pasado el cuarto programa de la temporada de verano de la Orquesta Sinfónica de Minería consistía en:
  • Un estreno de Álvarez llamado De aquí a la veleta
  • El primer concierto para piano de Tchaikovsky
  • Y Vitrales de una iglesia de Respighi

Ni el primer compositor ni el tercero me son conocidos y sin embargo, en cuanto vi el programa, decidí sin ninguna duda que asistiría a ese concierto ¿La razón? Muy simple, para el primer concierto para piano de Tchaikovsky la solista sería la maestra Valentina Lisitsa y ¡soy fan!

Por nuestra experiencia del año pasado, decidimos ir al concierto el sábado por la noche, y sinceramente, creo que es el mejor de los dos días para asistir, además de esta manera la puede uno admirar dos veces, ya que el concierto de los domingos es transmitido por TVUNAM y por canal 22.

Llegamos pasadas las 5 pm, la tarde era soleada y muy bonita, caminamos por el CCU  (Centro Cultural Universitario) y dirigí nuestros pasos a una banca cercana a la entrada y salida de los músicos, con el afán de poder ver a mi pianista favorita, claro, si es que no había llegado aún. Serían las 6 cuando mi chamuco me pregunta:”La estamos esperando, ¿verdad?”, creo que hasta ese momento se dio cuenta de mis intenciones al sentarnos ahí, y es que ante nuestros ojos pasaron un par de músicos con sus instrumentos. Pues ni bien terminaba yo de contestarle a mi marido cuando la vimos aproximarse, rápido saqué mi cámara y le pedí una foto, con una sonrisa accedió, le tomé una en solitario y mi chamuco nos tomó otra juntas ¡Yo feliz!


Todo fue muy rápido, y ya nos habíamos alejado cuando me di cuenta que no le había hecho la pregunta que siempre me había planteado hacerle cuando me acercara a ella: ¿Cuál de las piezas de Chopin es su favorita? Me lamenté esperando tener la ocasión en un futuro.


Una vez que abrieron el acceso a la Sala Nezahualcóyotl me apresuré a ir a la tienda, para ver si tenían el último CD de la maestra Lisitsa; tuve suerte, ahí estaba el Rachmaninoff: The Piano Concertos y el Live at the Royal Albert Hall ¡Y más aún! El encargado de la tienda nos dijo que la maestra estaría firmando autógrafos al final del concierto.

Ya sentados en la Sala, disfrutamos de la música. De aquí a la veleta me gustó mucho, en especial las percusiones y las cuerdas.

En cuanto a Tchaikovsky el inicio de su primer concierto para piano es espectacular, de esos que te ponen la piel de gallina, la interpretación de la maestra Lisitsa fue genial, me encantó. Al terminar, su público le aplaudimos muchísimo, era muy grande la emoción, sentados atrás de mí había jóvenes estudiantes de música, y pues literal aplaudíamos y gritábamos de emoción, y ella, con un hermoso vestido azul nos regaló cuatro encores maravillosos: Ave María de Schubert-Liszt, Preludio Op.23 No.5 de Rachmaninoff, Nocturno No.2 Op.9 de mi amado Chopin y La Campanella de Liszt. La ovación en cada uno fue muy grande, no nos cansábamos de aplaudir, hasta que finalmente la maestra hizo una seña de adiós al terminar de agradecer la ovación por La Campanella.

Cuando finalmente terminamos de aplaudir a la OSM por Vitrales de una iglesia, aplauso que para nada merecía un encore, me dirigí rápidamente a la tienda para buscar mi autógrafo, la fila era grande, pero nada me movería de ahí. Cerca de las 11 de la noche terminaba mi espera y corregía a mi querida Val con respecto a mi nombre, ya que como mucha gente que lo escucha entendió Tamaris y no Damaris; mientras me firmaba la portada de su CD, le hice mi pregunta: Which of the Chopin’s piece is your favorite? La sorprendí agradablemente, sonriendo me dijo que era muy difícil decirlo, pues le gustan muchas piezas de Chopin, mencionó las 4 Baladas, los 4 Scherzos, la Fantasía. Satisfecha y feliz le agradecí y me despedí de ella.


La maestra Valentina Lisitsa es virtuosa, sencilla y generosa. Cuando la veo tocar el piano con sus vestidos lindos pienso en que es una Elfa de la Música en Rivendell. Yo la admiro mucho.

El domingo miré los encores por tv y fueron tres: Ave María de Schubert-Liszt, Sonata No7 (Finale) de Prokofiev y Nocturno en do sostenido postumo de Chopin. ¿Será que al elegir su tercer encore recordó mi pregunta? El pensar que así fue me hace sentir feliz.


lunes, 1 de julio de 2013

De Chopin: Reencuentro con sus padres.


En 1836, los Sres. Chopin decidieron que era el momento de volver a ver a su hijo, para quien era prácticamente imposible regresar a Varsovia, debido a la situación que ahí se vivía; así que decidieron salir de vacaciones y reencontrarse con su querido Federico.

El lugar en donde se reunirían sería en Karlsbad, que era y sigue siendo una ciudad balneario de Bohemia, y que se encuentra en la región occidental de la República Checa. Es famosa históricamente por sus fuentes termales (13 fuentes principales y unos cientos de ellas, más pequeñas) y el río Teplá, también de aguas calientes, la podemos ver en la imagen que tomé de la wiki.

A mediados de agosto se dio el encuentro entre el músico y sus padres, el cual estuvo lleno de amor y alegría, como lo podemos confirmar con las palabras que el mismo Federico dirige a sus hermanas, en una carta que escribe su padre para darles noticias: “Nuestra alegría es inexpresable. Nos abrazamos y seguimos abrazándonos. Nuestros padres son siempre los mismos, aunque un tanto envejecidos. Nos paseamos, tomamos a nuestra madre del brazo, hablamos de ustedes, bebemos, comemos juntos, bromeamos, lanzamos gritos: me siento colmado de dicha. ¡De alegría, las estrecho contra mi corazón hasta ahogarlas!”

Por unos días volvió a ser el Chopin de Varsovia: excesivo, afectuoso, desbordante de alegría. Estaba realmente muy feliz de volver a ver a sus padres y de convivir con ellos y con otros compatriotas que se encontraban en aquel lugar.  Sin embargo su padre le cuenta que Varsovia había cambiado, la casa donde habían vivido no existía ya; los rusos habían cerrado el conservatorio y la universidad y que sus amigos y compañeros se habían dispersado; como quien dice, no tenía caso alguno el que intentara regresar, allá no había futuro para él.

La felicidad duró 3 semanas y en ese tiempo toca el piano para sus padres y amigos, y también compone música alegre: una Mazurka, una Polonesa y el Vals Op.34 No.1, ¡mi favorito!

Ya en una entrada anterior (Mis piezas favoritas de Chopin) les comenté del por qué es mi pieza favorita entre todo el repertorio de Chopin, ahora cito lo que Jeremy Siepmann dice sobre este vals en su libro The Reluctant Romantic: “Una obra que captura con maravillosa precisión el humor de Chopin en el momento en que lo compuso: energía juvenil y alegría, emparejado con una exaltación desinteresada de sus habilidades, pero también con discretos toques de melancolía y nostalgia.”

Para alargar un poco la compañía de sus padres, Federico los acompaña a Teplitz y de ahí al castillo de Decin, que es ya la frontera con Polonia y en donde visitan a unos amigos. El 14 de septiembre los Sres. Chopin emprenden su viaje de regreso a Varsovia. Este será el último adiós entre padres e hijo, Federico no volverá a ver a sus padres.


Cinco días después Chopin regresa a París, pero se detiene en Dresde, para saludar a los Wodzinski, quienes se encuentran ahí en su regreso a Polonia. En Dresde Chopin se enamorará.

Mientras escuchemos el vals Op.34 No.1 video que hice de una grabación de Rubinstein con fotos que tomé en la hermosa Isla del Príncipe Eduardo de Canadá.


Mis piezas favoritas de Federico Chopin


A manera de celebrar el cumpleaños número 203 de Federico Chopin, quiero platicar sobre cuáles de sus piezas son las que más me gustan. Esto es difícil, así que platicaré de las que primero pensé y que son las que nunca faltan en el reproductor de música que cargo.

Sin duda alguna puedo afirmar que mi pieza favorita de Chopin es el Vals Brillante Op. 34 No.1. Cuando vi por primera vez la película Canción Inolvidable, en la gira final que supuestamente hizo Chopin justo antes de morir, se puede apreciar al actor (muy guapo por cierto) Cornel Wilde, tocar fragmentos de varias piezas del músico polaco, uno de esos fragmentos es la parte final de ese vals y me enamoré. Pregunté si estaba en mis posibilidades el tocarlo bien, mi querida maestra accedió y lo estudié con empeño. Fue la primera pieza de Chopin que toqué en mi vida y la amo. De mis pianistas favoritos se la he escuchado a Rubinstein, a Lang Lang y al gran Ingolf; y de estas tres interpretaciones me quedo con la de Ingolf Wunder. Me encantaría escuchársela a la maestra Lisitsa.

Otra pieza que tiene memorias muy queridas y especiales para mí, es la Polonesa Heroica, fue la primera pieza de Chopin que escuché en vivo, la estudiaba mi maestra cuando preparábamos el primer recital del estudio de piano en el que participé. Mi maestra la interpretaba de forma impecable, emotiva y bella, interpretación que siempre será inolvidable.

De los estudios mis favoritos son 5: 
El Op.10 No.3, porque le encantaba a mi abuelita. Tiene el sobrenombre de Tristeza, dudo mucho que a Chopin le hubiera agradado saber de estos sobrenombres.

El Op.10 No.5, conocido también como el estudio de las teclas negras, ya que solamente este tipo de teclas es usado en su ejecución y por eso es que me gusta.

El Op.25 No.12 me encanta porque como su sobrenombre lo indica suena tempestuoso, fuerte y único como el océano.

El Op.25 No.9, con otro sobrenombre: La mariposa, sobrenombre que tampoco le puso el autor. Este estudio siempre logra sacarme una sonrisa, y por eso me encanta.

El Op.10 No.12, el Revolucionario claro está, en el que Chopin expresa su impotencia y dolor por lo que sucede en su patria, lo compuso cuando estalló una rebelión en Varsovia, justo después de que él partiera de ahí para nunca más volver. Es también una melodía importante para quien esto escribe, empecé a estudiarla recién murió mi maestra, pero nunca pasé de 2 renglones. El último de mis cumpleaños que compartí con Lolita (mi maestra) fue el de mi mayoría de edad, el número 18, y ella me obsequió con algo que nadie me había regalado y que nadie lo ha hecho después, me regaló su arte en el piano, su interpretación del Vals Capricho de Ricardo Castro y del Estudio Revolucionario de Chopin, un regalo y un recuerdo que atesoro y que cuando viene a mi mente me hace pensar: “Sí, mi maestra me quería, me quería mucho.” Y eso me hace sentir muy bien.

Y para sentirse melancólico o triste, y como decimos en México echarle sal con limón a la herida de cualquier índole, nada como el hermoso Nocturno No.15 Op.48. que es de una belleza sublime y desgarradora, al menos a mí así me lo parece.

Me gustan mucho también las baladas No.1 y No.4, la primera está basada en una canción de cuna, y la cuarta inspirada completamente en la voz humana, es una obra maestra.

El pasado Octubre, tuve la suerte de asistir al concierto de Leszek Mozdzer, dentro del FIC y le escuché una improvisación en jazz de la Mazurka Op.24 No.2 y fue genial, me gustó mucho mucho, y también demuestra que Chopin es intemporal.

Hay un preludio que me fascina, porque muchas veces, aunque nadie se lo imagine me siento tal como se escucha ese preludio que es el Op.28 No.24, les dejo este video para que lo escuchen.