lunes, 1 de julio de 2013

De Chopin: Reencuentro con sus padres.


En 1836, los Sres. Chopin decidieron que era el momento de volver a ver a su hijo, para quien era prácticamente imposible regresar a Varsovia, debido a la situación que ahí se vivía; así que decidieron salir de vacaciones y reencontrarse con su querido Federico.

El lugar en donde se reunirían sería en Karlsbad, que era y sigue siendo una ciudad balneario de Bohemia, y que se encuentra en la región occidental de la República Checa. Es famosa históricamente por sus fuentes termales (13 fuentes principales y unos cientos de ellas, más pequeñas) y el río Teplá, también de aguas calientes, la podemos ver en la imagen que tomé de la wiki.

A mediados de agosto se dio el encuentro entre el músico y sus padres, el cual estuvo lleno de amor y alegría, como lo podemos confirmar con las palabras que el mismo Federico dirige a sus hermanas, en una carta que escribe su padre para darles noticias: “Nuestra alegría es inexpresable. Nos abrazamos y seguimos abrazándonos. Nuestros padres son siempre los mismos, aunque un tanto envejecidos. Nos paseamos, tomamos a nuestra madre del brazo, hablamos de ustedes, bebemos, comemos juntos, bromeamos, lanzamos gritos: me siento colmado de dicha. ¡De alegría, las estrecho contra mi corazón hasta ahogarlas!”

Por unos días volvió a ser el Chopin de Varsovia: excesivo, afectuoso, desbordante de alegría. Estaba realmente muy feliz de volver a ver a sus padres y de convivir con ellos y con otros compatriotas que se encontraban en aquel lugar.  Sin embargo su padre le cuenta que Varsovia había cambiado, la casa donde habían vivido no existía ya; los rusos habían cerrado el conservatorio y la universidad y que sus amigos y compañeros se habían dispersado; como quien dice, no tenía caso alguno el que intentara regresar, allá no había futuro para él.

La felicidad duró 3 semanas y en ese tiempo toca el piano para sus padres y amigos, y también compone música alegre: una Mazurka, una Polonesa y el Vals Op.34 No.1, ¡mi favorito!

Ya en una entrada anterior (Mis piezas favoritas de Chopin) les comenté del por qué es mi pieza favorita entre todo el repertorio de Chopin, ahora cito lo que Jeremy Siepmann dice sobre este vals en su libro The Reluctant Romantic: “Una obra que captura con maravillosa precisión el humor de Chopin en el momento en que lo compuso: energía juvenil y alegría, emparejado con una exaltación desinteresada de sus habilidades, pero también con discretos toques de melancolía y nostalgia.”

Para alargar un poco la compañía de sus padres, Federico los acompaña a Teplitz y de ahí al castillo de Decin, que es ya la frontera con Polonia y en donde visitan a unos amigos. El 14 de septiembre los Sres. Chopin emprenden su viaje de regreso a Varsovia. Este será el último adiós entre padres e hijo, Federico no volverá a ver a sus padres.


Cinco días después Chopin regresa a París, pero se detiene en Dresde, para saludar a los Wodzinski, quienes se encuentran ahí en su regreso a Polonia. En Dresde Chopin se enamorará.

Mientras escuchemos el vals Op.34 No.1 video que hice de una grabación de Rubinstein con fotos que tomé en la hermosa Isla del Príncipe Eduardo de Canadá.


Mis piezas favoritas de Federico Chopin


A manera de celebrar el cumpleaños número 203 de Federico Chopin, quiero platicar sobre cuáles de sus piezas son las que más me gustan. Esto es difícil, así que platicaré de las que primero pensé y que son las que nunca faltan en el reproductor de música que cargo.

Sin duda alguna puedo afirmar que mi pieza favorita de Chopin es el Vals Brillante Op. 34 No.1. Cuando vi por primera vez la película Canción Inolvidable, en la gira final que supuestamente hizo Chopin justo antes de morir, se puede apreciar al actor (muy guapo por cierto) Cornel Wilde, tocar fragmentos de varias piezas del músico polaco, uno de esos fragmentos es la parte final de ese vals y me enamoré. Pregunté si estaba en mis posibilidades el tocarlo bien, mi querida maestra accedió y lo estudié con empeño. Fue la primera pieza de Chopin que toqué en mi vida y la amo. De mis pianistas favoritos se la he escuchado a Rubinstein, a Lang Lang y al gran Ingolf; y de estas tres interpretaciones me quedo con la de Ingolf Wunder. Me encantaría escuchársela a la maestra Lisitsa.

Otra pieza que tiene memorias muy queridas y especiales para mí, es la Polonesa Heroica, fue la primera pieza de Chopin que escuché en vivo, la estudiaba mi maestra cuando preparábamos el primer recital del estudio de piano en el que participé. Mi maestra la interpretaba de forma impecable, emotiva y bella, interpretación que siempre será inolvidable.

De los estudios mis favoritos son 5: 
El Op.10 No.3, porque le encantaba a mi abuelita. Tiene el sobrenombre de Tristeza, dudo mucho que a Chopin le hubiera agradado saber de estos sobrenombres.

El Op.10 No.5, conocido también como el estudio de las teclas negras, ya que solamente este tipo de teclas es usado en su ejecución y por eso es que me gusta.

El Op.25 No.12 me encanta porque como su sobrenombre lo indica suena tempestuoso, fuerte y único como el océano.

El Op.25 No.9, con otro sobrenombre: La mariposa, sobrenombre que tampoco le puso el autor. Este estudio siempre logra sacarme una sonrisa, y por eso me encanta.

El Op.10 No.12, el Revolucionario claro está, en el que Chopin expresa su impotencia y dolor por lo que sucede en su patria, lo compuso cuando estalló una rebelión en Varsovia, justo después de que él partiera de ahí para nunca más volver. Es también una melodía importante para quien esto escribe, empecé a estudiarla recién murió mi maestra, pero nunca pasé de 2 renglones. El último de mis cumpleaños que compartí con Lolita (mi maestra) fue el de mi mayoría de edad, el número 18, y ella me obsequió con algo que nadie me había regalado y que nadie lo ha hecho después, me regaló su arte en el piano, su interpretación del Vals Capricho de Ricardo Castro y del Estudio Revolucionario de Chopin, un regalo y un recuerdo que atesoro y que cuando viene a mi mente me hace pensar: “Sí, mi maestra me quería, me quería mucho.” Y eso me hace sentir muy bien.

Y para sentirse melancólico o triste, y como decimos en México echarle sal con limón a la herida de cualquier índole, nada como el hermoso Nocturno No.15 Op.48. que es de una belleza sublime y desgarradora, al menos a mí así me lo parece.

Me gustan mucho también las baladas No.1 y No.4, la primera está basada en una canción de cuna, y la cuarta inspirada completamente en la voz humana, es una obra maestra.

El pasado Octubre, tuve la suerte de asistir al concierto de Leszek Mozdzer, dentro del FIC y le escuché una improvisación en jazz de la Mazurka Op.24 No.2 y fue genial, me gustó mucho mucho, y también demuestra que Chopin es intemporal.

Hay un preludio que me fascina, porque muchas veces, aunque nadie se lo imagine me siento tal como se escucha ese preludio que es el Op.28 No.24, les dejo este video para que lo escuchen.